El poder de decidir es la capacidad para evaluar la calidad de nuestras elecciones, decisiones y acciones. La balanza de precisión representa este poder. A la hora de juzgar o decidir mis respuestas, tiene que haber un equilibrio ente la cabeza y el corazón, la razón y los sentimientos o la ley y el amor.

 

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Dios nos ha tratado con dignidad al concedernos libre albedrío, la facultad de tomar nuestras propias decisiones. Ni él ni el destino controlan nuestra vida. Dios nos otorgó el derecho a escoger y elegir el propio camino en la vida. Su mensaje es: ¿Quieres venir a Mí? ¡Ven! ¡Toma Mi mano, Yo te ayudaré! ¿Quieres ir en la dirección opuesta? Bueno, puedes ir, pero intenta, por favor, encontrarme de todas maneras. Yo constantemente estaré haciéndote acordarte de Mí.

Hay que tratar de ser conscientes en todo momento de las decisiones que tomamos y tomar las decisiones que más nos convengan a nosotros y a los nuestros en todo momento.

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“El primer paso para llegar a donde quieres, es decidir no quedarte sin acción y en el mismo lugar”

Una decisión precisa, en términos espirituales, abarca tres aspectos:

1) Evaluar una situación para poder reconocer la respuesta apropiada que podemos generar y llevar a cabo.

2) No evaluar o juzgar a las personas en base a sus acciones. Éste es un error que cometemos cuando evaluamos a los demás con una visión limitada. Podemos diferenciar cuando las acciones son correctas o erróneas y aprender de ellas, pero no debemos juzgar a las personas simplemente por sus acciones. Una percepción más profunda es la de que detrás de una acción errónea o perjudicial, hay un ser espiritual que probablemente está bajo la influencia de un hábito negativo. La acción puede ser censurable, pero no juzgamos al ser que realiza la acción. Hacia el ser espiritual mantenemos buenos deseos y sentimientos benevolentes.

3) Es correcto evaluarnos a nosotros mismos, no para castigarnos, sino simplemente para comprobar si nuestros pensamientos, palabras y acciones son coherentes e íntegros.

 

El poder de decidir nos ayuda a evaluar cualquier situación con mayor certeza, con mayor precisión y claridad. Con un estado mental desapegado e imparcial, podemos usar este poder para discernir la calidad de nuestros pensamientos, palabras y acciones y no ser críticos con los demás.

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